PUNTA ABREOJOS, B.C.S. -- En una noche muy oscura, una tripulación navegaba por Bahía Asunción, cuando de repente un intenso rayo iluminó la cubierta de su lancha. Desde la panga de donde provenía la luz, unos hombres armados interrogaron a los sorprendidos marineros. Estos temían por sus vidas ante el riesgo de que fuesen narcotraficantes. Pero respiraron tranquilos al enterarse de que la panga transportaba vigilantes de una de las nueve cooperativas pesqueras de abulón y langosta en la costa Pacífico de la Península de Baja California. Los patrulleros, igual, se sintieron aliviados al saber que los interceptados eran capitaneados por el director del Centro de Investigaciones sobre Biodiversidad del Museo de Historia Natural de San Diego, Exequiel Ezcurra.
El perspicaz doctor en Ecología Matemática reconocía en la guardia costera autónoma una respuesta a la peor amenaza de la pesca en la región del Golfo de California: la piratería. Los centinelas de las cooperativas forman parte de la estrategia de pesca comunitaria, que ha valido a las cooperativas la certificación internacional como sustentables y a colocarse como modelo en la industria.
Las historias de éxito en la pesca de las cooperativas abarcan desde la Isla Cedros en el norte hasta Punta Abreojos en el sur de la costa occidental de la Península de Baja California. Ante un panorama generalmente desolador, de sobreexplotación de pesca y degradación del hábitat, dan aliento a la industria pesquera, la actividad más importante de la zona del Golfo de California. Mientras otras microeconomías van pa’ abajo por las presiones demográficas y de la globalización del comercio, las de las cooperativas prometen prosperidad, y todo porque pusieron la debida atención a la conservación de las especies que les dan sustento. La tradición de autogestión proveniente de la organización cooperativa las hace una fuerza formidable en los nuevos mercados. Esperan conquistarlos con la certificación y con marcas propias. “Es el único lugar entre Cabo San Lucas y Vancouver en donde el abulón y la langosta son aprovechados de manera sustentable,” anota Ezcurra, exdirector del Instituto Nacional de Ecología (INE).
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Punta Abreojos: Las historias de éxito abarcan desde aquí hasta Isla Cedros. Foto: Dahl McLean
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Aquí como en el resto del mundo, la pesca peligra. Vive una crisis de abasto y demanda. Más del 75% de las pesquerías excedieron o están en límite máximo de su capacidad, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. Al parecer, la industria pesquera se atrapa figurativamente en sus propias redes. Tiene que satisfacer las demandas de terceros y asegurar su propia sobrevivencia a la vez. Finalmente las soluciones dependerán de crear un orden del caos vigente. Los retos requieren de una mezcla de fórmulas que van desde el respeto a las zonas de usos y costumbres hasta las vedas, desde retirar embarcaciones hasta utilizar nuevas tecnologías, desde suprimir subsidios hasta apoyar con créditos, desde las áreas naturales protegidas hasta las granjas acuícolas, desde el manejo cooperativo y el manejo comunitario compartido con el gobierno hasta la diversificación de fuentes de ingreso. En todo es necesaria la capacitación y educación ambiental que genera la voluntad de cuidar el recurso hoy para promover su abundancia mañana.
Los langosteros enfilan rumbo a proa
El bramar armónico del motor de 75 caballos fuera de borda lleva la panga a su recorrido diario por 75 trampas de langosta. Martín Murillo y Jorge Leere, dos de los 158 socios de la cooperativa de Punta Abreojos, identifican sus trampas entre las de otras 40 pangas langosteras de la cooperativa, por el color de las boyas. Los pescadores fabricaron estas trampas con ventanillas para langostas de menor tamaño y con grapas biodegradables para evitar daños a la fauna silvestre. Por ley, cada langosta capturada debe tener un cefalotórax de 82.5 mm de longitud mínimo. Mientras Murillo apunta la proa hacia las olas, Leere mide todas las langostas de cada trampa, y regresa al mar la mitad de las capturadas por ser pequeñas. Hoy, cerca del fin de la temporada de cinco meses, la captura es de 58 especímenes, pero a principios de la temporada en octubre, se pueden obtener hasta 500 por jornada. Cada kilo significa un ingreso por pescador de 6 mil pesos, luego de su venta a China. Se puede llevar un límite de seis ejemplares a casa para el consumo propio en la quincena. En casa de Murillo, Sara Nieto, sinaloense que vino del otro lado del Golfo de California hace 21 años para casarse con él, toma una langosta y con un cuchillo la corta por en medio a todo lo largo. “Pobrecita, le duele,” repite con simpatía aparentemente genuina mientras el animal todavía se retuerce en el sartén con mantequilla, sal y pimienta.
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Martín Murillo y Jorge Leere: Fabricaron estas trampas para langostas. Foto: Dahl McLean
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Entre Punta Abreojos y las otras ocho cooperativas pesqueras, la Federación Regional de Sociedades Cooperativas de la Industria Pesquera de Baja California (Fedecoop) tiene una captura anual de 1 mil 400 toneladas de langosta, misma que obtuvo la certificación en 2004 de Scientific Certification Systems, Inc., por el manejo sustentable de la pesca de acuerdo con las normas internacionales del Consejo para la Administración Marina (MSC, por sus siglas en inglés). Los cooperativistas no sólo han revertido la disminución en la reproducción de la especie, sino que han hasta duplicado el volumen de producción desde el año 2000, en el caso de Isla Cedros. Con esto, la federación se convirtió en la primera pesquería comunitaria en países en vías de desarrollo en obtener la certificación. La eco-etiqueta que recibe significa mayor competitividad y mejores precios en el mercado europeo, donde los comensales demandan garantías para el ambiente y la comunidad productora. Más de 100 compradores de alimentos marinos, incluyendo grandes cadenas de supermercados de Francia, Alemania, Suiza, Reino Unido y Estados Unidos, se han comprometido a comprar productos con el logotipo del MSC.
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Miden todas las langostas: Así obtuvieron la certificación del manejo sustentable. Foto: Dahl McLean
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En la autoregulación se encuentra el origen del uso de las ventanillas para que escapen las langostas menores, además de una prohibición para emplear redes en zonas de desove. Las cooperativas establecen castigos, como el de 15 días sin derecho a pescar al abrir la temporada. Estas medidas son consensuadas con base en la asesoría de técnicos en los consejos directivos. El monitoreo y las evaluaciones periódicas contribuyen a las decisiones comunitarias. Los órganos de vigilancia ahuyentan a los pescadores furtivos de fuera. La auto-comercialización es el siguiente paso para Punta Abreojos, que empieza a exportar jurel enlatado hacia San Diego y Florida de la marca Punta Abreojos, de su propia empresa Punta Abreojos Fishing Co. La diversificación en las fuentes de ingreso es parte de la estrategia seguida por las cooperativas. Por ejemplo, además de la venta de jurel, Punta Abreojos cultiva semilla de abulón, y después de cuatro años de veda comunitaria para reestablecer la población silvestre, ya lo vende. La cooperativa también impulsa el cuidado de las especies protegidas como las tortugas marinas, con fines de ecoturismo en su campo del Estero El Coyote. Al decir de Miguel Valenzuela, encargado de producción y de la cría de abulón en Punta Abreojos, “Es mejor tener un futuro más seguro para que nuestros hijos miren la langosta, y el abulón también; que no nada mas vean la foto”.
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“ …que no nada mas vean la foto”. Foto: Talli Nauman
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Desde hace 30 años, las cooperativas se responsabilizan, no sólo de la actividad productiva, sino también de los servicios en sus localidades, incluidos el abasto de agua mediante desalinizadoras, la energía eléctrica, los caminos, la seguridad, la salud y la educación. Esas responsabilidades motivan a los integrantes a capacitarse y asegurar la productividad necesaria para evitar el colapso de la infraestructura. El apoyo del gobierno a penas empieza a llegar a los campos pesqueros pequeños como Punta Abreojos con una población de mil habitantes. Ahora, con la introducción de plantas generadoras de la Comisión Federal de Electricidad, de créditos del estado para comprar motores para las pangas, o de proyectos de muelles provenientes de la Secretaría de Turismo, los cooperativistas influyen en la toma de decisiones y participan en el manejo de sus actividades. En la tarea de asegurar la sustentabilidad, reciben apoyo de académicos y de las organizaciones ambientalistas World Wildlife Fund y Comunidad y Biodiversidad, entre otras. Al igual, los aciertos les han llevado a proporcionar ayuda a otros pescadores, desde Centroamérica hasta las Islas Galápagos en Ecuador, incluidas las comunidades en toda la región del Golfo. En los análisis recopilados por World Wildlife Fund se observa que las prácticas de las cooperativas “tienen un valor de manejo y conservación para los recursos pesqueros de cualquier región y en particular en el Alto Golfo de California”. (Ver la nota de acompañamiento “Los pescadores ribereños …”).
Los pescadores ribereños deben sentirse como ‘dueños de sus recursos’ Los pescadores artesanales de las cooperativas de abulón y langosta de la costa del Pacifico de la Península de Baja California han inspirado a muchos del gremio. Entre ellos están la Sociedad Cooperativa Buzos de Puerto Punta Peñasco, Sonora, y otras nuevas sociedades de Bahía de los Ángeles, B.C. Ahora, éstas sirven de ejemplo a otros pescadores que buscan mejorar su entorno.
La pesca artesanal es particularmente importante en México y otros países en vías de desarrollo, no sólo porque provee numerosas oportunidades de empleo y la mayor parte de la alimentación para las comunidades, sino también porque es la primera línea de defensa contra el deterioro ambiental marino. La Carta Nacional Pesquera 2004 contabiliza más de 12 mil embarcaciones menores legales, frente a menos de 2 mil embarcaciones mayores en el Golfo de California. Los pescadores ribereños, como se les llama, son parte del 94% de los pescadores del mundo que operan a pequeña escala y aportan aproximadamente 45% de la producción pesquera mundial, según Richard Cudney Bueno, investigador del Centro Intercultural de Estudios de Desiertos y Océanos (CEDO).
Los pescadores artesanales desde luego están involucrados en el esfuerzo de protección. Pero enfrentan problemas específicos como la falta de organización para diagnosticar su situación, regularizarse y lograr el reconocimiento oficial de sus exigencias. Por eso la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) destinó 1 millón de dólares para apoyar sus actividades productivas en los estados de Baja California y Sonora desde septiembre de 2005.
Sin tener concesiones propias, nadie se ha superado mejor que la Sociedad Cooperativa Buzos de Puerto Punta Peñasco. “Los esfuerzos de manejo y conservación de los buzos de Peñasco son en sí testigos de procesos de reestructuración más grandes que engloban a la pesca en México”, observa Cudney. Hace una década, ante la disminución en el abasto de los mariscos, el incremento en conflictos de territorialidad y la falta de control del acceso a los recursos marinos, los 30 integrantes adoptaron iniciativas comunitarias propias para practicar una pesca más responsable a nivel local y por ello recibieron el Premio Nacional a la Conservación 2003. Mientras otras agrupaciones de pescadores se opusieron a zonas restringidas, en el año 1996 los buzos establecieron sus propias reglas al respecto con base en un diagnostico. Su éxito en reestablecer la población del caracol inspira a otras pesquerías en Puerto Peñasco. Aún así, la cooperativa se queja por la invasión de sus bancos de aprovechamiento, mismos que mantienen productivos porque la organización impone reservas y vedas voluntarias para sus miembros. Hoy siguen exigiendo su derecho a obtener permisos y a la propia vigilancia para evitar más invasiones.
Otro esfuerzo de un grupo de pescadores artesanales que demuestra la transición del sector y se beneficia de la inspiración de Fedecoop es el de Bahía de Los Ángeles, B.C.
Las instrucciones para llegar al centro de Bahía de los Ángeles son: Tomar el único camino pavimentado; te vas hasta el fondo y doblas a la derecha siguiendo el camino, y del lado izquierdo hay una casa. Se refiere al Centro de Recursos Comunitarios de Bahía de los Ángeles. Es el único en el pueblo de 600 pescadores y sus familias. Antes de su existencia había una ausencia total de instituciones. La comunidad vivía sin ley. Ahora esta casa, del pescador Fermín Smith, lleva el logotipo de Pronatura, organización ambientalista que asesora a los lugareños. Se esfuerzan en ordenar su pesca ante los retos apremiantes de áreas restringidas e infraestructura turística propuesta por agentes gubernamentales en sitios lejanos, así como ante la especulación con las tierras propiciada por el gobierno. Cuando cae el sol pero antes del acostumbrado apagón eléctrico nocturno, los pescadores se juntan aquí con unas cervezas frías en la mano para conversar sobre sus planes. Al canto del gallo, los pescadores se congregan de nuevo en el centro para tomar un curso de seguridad en el buceo.
Desde hace unos 70 años, cuando se asentaron aquí los primeros 86 ejidatarios, se han considerado como pescadores libres, sin asociarse o legalizarse. Aún hoy, sólo unos cuantos ejercen la iniciativa de presentarse en reuniones con las autoridades. Los que trabajan como guías de pescadores deportistas extranjeros muchas veces no les informan a sus clientes sobre los límites del aprovechamiento. Ahora la Carta Nacional Pesquera establece que la zona se encuentra al máximo de aprovechamiento sustentable. Y, el padre de Fermín Smith, del mismo nombre, dice, “El peor problema que tenemos es que no nos unimos”.
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Fermín Smith, padre: “El peor problema que tenemos es que no nos unimos”. Foto: Talli Nauman
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Sin embargo el cambio se está dando, paso a paso, desde que Smith hijo trajo la gestión de Pronatura a casa. Los promotores estimulan la cultura de la legalidad, forman equipos de trabajo y capacitan a los pescadores en todo, desde cómo pedir permisos y regularizarse hasta cómo hablar con la gente en público. Con base en talleres, reuniones y fiestas, los pescadores ya formaron el grupo de Buzos de Bahía en marzo de 2005, y el grupo de Pescadores Atrevidos de Bahía en noviembre del mismo año. Ya regularizaron sus embarcaciones y recibieron permisos con el reconocimiento formal de la autoridad. Están formando una asociación civil de pesca deportiva a fin de propiciar la diversificación de fuentes de ingreso. “Trabajando con Pronatura, aprendí que para proteger los recursos tenemos que manejarlos”, dice Smith.
De repente, Bahía de Los Ángeles se perfila como el modelo del pueblo pescador posmoderno. Los pescadores hacen un padrón y llevan un registro permanente del aprovechamiento de las especias locales para su entrega a la Carta Nacional Pesquera, meta alcanzada en pocos lugares todavía. En seguida quieren integrar un plan de manejo sustentable de pesca deportiva y comercial de pepino de mar, pulpo, y lenguado, sin incrementar la presión actual sobre las almejas, jaibas, curvinas, y sierras. Juntos podrían establecer tallas mínimas de captura para las lisas, jureles, baquetas, cabrillas y verdillo. Finalmente buscan concesiones como la de Punta Abreojos. Deben sentirse como “dueños de sus recursos” dice Smith. Asimismo, subraya Esteban Torreblanca, coordinador del Programa de Pesquerías Sustentables, de Pronatura en Ensenada, B.C.: “La pesca artesanal ribereña es una opción económica porque mantiene la comunidad y las divisas. Pero mientras la gente local no entienda el manejo no se va a llegar a la sustentabilidad real”. -TN
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Otro secreto del éxito son las 26 concesiones de langosta expedidas a las cooperativas desde 1936, cuando fueron creadas por el gobierno. Cada cooperativa tiene una descripción clara de su zona, misma que facilita el manejo legal y ayuda a prevenir la pesca furtiva. A la vez, ofrece mayor acceso a créditos y capacidad de comercialización.
Se acaba la rica herencia del Golfo
Las cooperativas empezaron como campos pesqueros similares a los de los nativos de la región del Golfo de California, los indígenas seri (conca’ac) y yaqui (yoreme). De entre todos los originarios de la región, estos dos grupos lograron reconocimiento constitucional de una parte de sus territorios costeros, como la Isla Taheojc, o Tiburón, el ultimo reducto del pueblo conca’ac.
La cosmovisión de los indígenas de la región antepone el valor ambiental sobre cualquier otro, convirtiéndose en un fuerte ordenador para ellos de la actividad básica de la pesca. La importancia del ecosistema marino en la cultura queda plasmada en sus esculturas de palo-fierro con figuras de ballenas, delfines, tortugas y caracoles. Las ceremonias tradicionales conca’ac para la bendición de la tortuga inspiran a los defensores de las especies protegidas. El 18 de marzo de 2006, el Programa de Medio Ambiente de la ONU anunció el apoyo financiero del Banco Mundial para proteger los sitios sagrados en la Isla Taheojc con fines de detener el declive internacional de la biodiversidad.
Los indígenas ya no pueden asegurar el respeto para sus derechos ancestrales de pesca. Actualmente sus fronteras son muy conflictivas, asediadas por pescadores externos, fenómeno que expone los recursos marinos a la sobreexplotación. Sin embargo, los conca’ac cuentan con zonas marino-costeras legales, de exclusividad pesquera, lo que les garantiza cierto control en el acceso y aprovechamiento de los recursos. Por eso están en ventaja comparativa frente a la mayoría de los pescadores de la región que carecen de áreas delimitadas de aprovechamiento, asunto que tienen el imperativo de tratar, junto con el de la vigilancia.
La historia del Alto Golfo es de colonización por familias pesqueras atraídas por la enorme riqueza de sus recursos, cuenta Richard Cudney Bueno, investigador del Centro Intercultural de Estudios de Desiertos y Océanos (CEDO). Puede decirse que es la historia de toda la región. La mega productividad de las aguas del golfo se debe a los afluentes y a las aguas profundas ricas en nutrientes del fondo marino, mismo que influye en las mareas excepcionalmente fuertes. Con ayuda de los vientos que cambian estacionalmente de dirección, los nutrientes arrastrados por las mareas abastecen de grandes cantidades de plancton, organismos microscópicos que son base de la cadena alimenticia.
La abundancia del Golfo de California hace de este mar la principal zona pesquera de México. Según el Ordenamiento Ecológico Marino de la región, aporta el 66% del volumen y 55.4% del valor total nacional de la producción. La pesca emplea a cerca de 80 mil trabajadores y da pie a casi 250 plantas procesadoras. Se captura camarón, sardina, atún y calamar que juntas pueden rebasar las 500 mil toneladas anuales, según World Wildlife Fund. Otros recursos de importancia por su volumen son la anchoa, dorado, jaiba, tiburón y mantaraya. El valor de la captura pesquera en el golfo rebasa los 300 millones de dólares por año.
Sin embargo, la industria y la región padecen de la sobreexplotación desde los años 50, cuando les alcanzó la crisis pesquera mundial. Ya para 1996, el 60% de las reservas de pesca marina comercial del mundo fueron capturadas, sobreexplotadas, agotadas o estaban en una recuperación lenta, según World Wildlife Fund. Hoy, Oceana sostiene que las pesquerías de todo el mundo se acercan a un colapso irreversible. En el golfo, desde los primeros años de este siglo, todas las pesquerías también se encuentran en el límite de su máxima explotación o ya lo superaron, según Conservación Internacional. Al comenzar el siglo, la flota camaronera del Pacifico contaba con más embarcaciones que nunca y registraba su menor volumen de captura en la historia. La caída de la rentabilidad es un importante factor de la emigración.
Los daños provienen de políticas y prácticas inadecuadas
Los pescadores han abastecido a un mercado mundial en franco crecimiento sin un marco regulatorio adecuado, sin artes de pesca modernas, con gastos cada vez mayores, con precios inestables debido a factores internacionales fuera de su control, y obedeciendo a subsidios perversos. Ahora tienen que competir con la pesca deportiva, acuacultura, agricultura, industria maquiladora y con el desarrollo costero en un contexto de protección de afluentes de aguas dulces limpias, estuarios, y creación de zonas de aprovechamiento. Los piratas trafican con hasta 40% del volumen disponible, según Ocean Garden, el comprador más conocido de la industria en la región. Aunado a la sobrepesca de las especies comerciales, se obtienen alarmantes cantidades de otras que se desperdician.
La Comisión Nacional de Pesca y Acuacultura (Conapesca) mantiene que las redes de arrastre han producido el mayor impacto directo de las actividades humanas sobre la fauna y el paisaje submarino. Impactan a la estructura de los fondos marinos arenosos, alteran el hábitat y la trituran las especies no objetivo con cadenas y tablones. La flota camaronera de Sinaloa, la cual es la más grande y cuenta con cerca de 600 embarcaciones, arrastra un promedio anual de 8 millones de hectáreas, en donde capturan hasta 400 especies marinas. La industria camaronera cuenta con permisos por región que admiten la entrada de sus embarcaciones en diversos lugares del Golfo. Otras pesquerías utilizan las redes agalleras de deriva, prohibidas en Estados Unidos, y de palangre, recientemente prohibidas en el vecino estado de California. La extracción indiscriminada con las diferentes artes de pesca llega a tener una relación entre fauna de acompañamiento y especie objetivo de 10 por 1, como es el caso de la pesca de arrastre para el camarón.
Entre la fauna de acompañamiento se encuentran varias especies protegidas, como la vaquita, una marsopa que existe únicamente en el extremo norte del Golfo. Este mamífero marino está en peligro crítico de desaparecer. Con el cálculo de 40 a 60 capturadas de manera incidental por temporada, la población total de entre 400 y mil se puede acabar en una década. Por eso Conservación Internacional y World Wildlife Fund firmaron un acuerdo en 2005 en reconocimiento de que “el estado actual de la vaquita es el asunto ambiental más apremiante del Golfo de California”. La totoaba, otra especie endémica, se encuentra vedada desde 1975 cuando su pesca con fines comerciales casi agotó las existencias. Destacados defensores de las tortugas marinas temen que la muerte por pesca incidental en el Golfo de estas especies protegidas puede llegar a una por día durante una temporada, equivalente a 40 mil tortugas por año. Tal vez no hay nada más triste que ver un ejemplar de estas especias milenarias muerta en una red de malla. Sin embargo, puede valer 300 dólares en el mercado negro.
Las especies comerciales, protegidas, y demás sufren conjuntamente de la contaminación de las aguas provenientes de fuentes municipales e industriales, así como de las mismas embarcaciones que en gran parte hacen uso ineficiente de combustibles al ser viejas y casi obsoletas. Además de contaminar al agua, los combustibles al quemarse liberan a la atmósfera 1 mil 200 millones de metros cúbicos de gases de efecto invernadero, según el Consejo Consultivo Nacional para el Desarrollo Sustentable.
Sin embargo, el pueblo mexicano ha sufragado los subsidios de combustible y mantenimiento de la flota camaronera. Los consumidores que ni siquiera tienen el nivel de ingreso como para comprarse medio kilo de camarón fresco en el interior del país han contribuido, sin ser consultados, con los 50 millones de dólares en impuestos que el gobierno federal destina a los dueños de la flota industrial del Pacifico. Por otro lado, los pescadores están cansados de oír la letanía del cuento repetido de la pérdida de los recursos.
Puerto Peñasco y el camarón: Dicen que sumar es bueno
En una oficina austera frente al muelle de Puerto Peñasco, las hojas de la “Bitácora de pesca de la flota camaronera mexicana” yacen en el escritorio de Mateo López León, gerente de la delegación de la Cámara Nacional de la Industria Pesquera y Acuícola (Canainpesca), una de las dos principales representantes de las empresas privadas camaroneras. Mudos testigos del esfuerzo de los camaroneros en transición hacia la sustentabilidad, los papeles evidencian el monitoreo voluntario de especies y respaldan los argumentos del gerente. “A los industriales de la pesca de camarón nos hicieron sentir culpables de todo el deterioro del Golfo de California”, resalta. “No estamos peleados con el medio ambiente. Somos interesados porque vivimos de esto”.
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Vaquita en peligro crítico de desaparecer: Tal vez no hay nada más triste. Foto: Alejandro Robles González de Conservación Internacional
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El camarón tiene una presencia de la dimensión de una divinidad en el Golfo. La pesquería del camarón, en términos económicos, es por mucho la más importante en la región, ya que representó 52% del valor total del sector en el año 2001. Relacionada a ella, hay mil 144 barcos (56% del total nacional) y 150 procesadoras. Se calcula que la actividad genera más de 30 mil empleos anualmente y la producción promedio por temporada llega a las 18 mil toneladas, la cual genera una derrama económica de más de 150 millones de dólares. Contribuye con 43% del valor total de la captura a nivel nacional.
El camarón es la razón de ser de Puerto Peñasco. Después de acabar con la totoaba, los pescadores locales se dedicaron al camarón. Los dueños de las embarcaciones son las mismas familias que vinieron por la totoaba en los años 50. La pesca de camarón y otras especies lleva más de 22 millones de dólares al año a las economías de Puerto Peñasco y los otros dos puntos del triangulo que forman el Alto Golfo, es decir el pueblo de El Golfo de Santa Clara y el pueblo de San Felipe.
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Puerto Peñasco: El camarón es la razón de ser. Foto: Dahl McLean
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Al experimentar una drástica disminución en la producción de camarón a fines de los años 80 y principios de los 90, los pescadores aplaudieron la creación de la Reserva de la Biosfera del Delta del Río Colorado y el Alto Golfo de California en 1993. Pero se decepcionaron cuando la reserva no cumplió con su expectativa de reestablecer las poblaciones marinas. Según narra Conservación Internacional, la pesquería de camarón del golfo se colapsó en 1997 sin haberse recuperado a la fecha. Como respuesta en 2001 el gobierno federal declaró la conservación del Alto Golfo una prioridad, y dio órdenes de abandonar la pesca de camarón en la zona de amortiguamiento de la reserva. Los integrantes de Canainpesca mostraron su inconformidad a la brava, con el cierre de la carretera a Puerto Peñasco. Alegaron que no hubo aviso ni consulta a los pescadores. Finalmente, establecieron una mesa de negociaciones.
Todavía para el año 2004, el Consejo Consultivo Nacional para el Desarrollo Sustentable pidió un ordenamiento ecológico del Golfo al avisar: “Pronunciamos por el cese al ecocidio en el Mar de Cortés y a favor de un control de la actividad pesquera que no ponga en riesgo los recursos naturales en esta parte del país”. Enseguida la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), junto con los gobernadores de los cinco estados de la región, puso en marcha el proceso del ordenamiento marino. Pero el verdadero trabajo de cooperación para el ordenamiento de la pesca en el Alto Golfo empezó el año siguiente en una histórica serie de reuniones entre representantes del gobierno, las ONG, los pescadores, los compradores, los académicos y los ambientalistas.
En acuerdos firmados desde Puerto Peñasco hasta Tijuana y Mexicali, los participantes dieron pasos gigantescos que vaticinan un buen futuro en este cuadro del Golfo. Ya para fines de 2005, se habían establecido los polígonos de un refugio para la vaquita y las medidas encaminadas a rescatarla, además de la compensación debida a los pescadores por evitar la pesca ahí. Semarnat publicó el acuerdo que constituyó el refugio de la vaquita en septiembre de 2005. Los compromisos inmediatos consisten en una zona de exclusión de pesca de alta mar de 65 kilómetros cuadrados (5 millas por 5 millas) cerca de Isla Consag y otra de 200 kilómetros cuadrados adyacente a las aguas de la reserva de la biósfera. El manejo requiere de financiamiento compartido, empadronamiento, vigilancia comunitaria, bitácoras de producto por zona, programa de observadores, reducción de seis a tres meses la temporada de pesca de altura, reducir el número de las embarcaciones de 400 a 160, reconversión tecnológica de redes en un plazo de dos años, utilización de excluidores de tortugas, especies grandes y juveniles, y control de basura y desechos tóxicos.
Dentro de los acuerdos por demás asombrosos, se promete eliminar la pesca furtiva, descartar el uso de redes pasivas dormidas, redes ancladas más de 30 minutos o redes agalleras de 6 o más pulgadas en la zona de amortiguamiento de la reserva y el refugio de la vaquita; probar motores ecológicos, mantener un programa de evaluación de pesca alternativa; asegurar estudios y capacitación continua, y promover los acuerdos en las comunidades. Es un esfuerzo mayúsculo que demuestra cuanto se puede lograr con la determinación y la colaboración. CEDO calendarizó un informe final sobre las avances para diciembre de 2006.
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Redes: Los acuerdos firmados vaticinan un buen futuro. Foto: Helene Michoux
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El proceso ya detonó una colaboración nunca antes vista entre Ocean Garden, sus abastecedores, y los funcionarios estatales para asegurar al comprador que el camarón proviene de prácticas acordes a las regulaciones ambientales de México y Estados Unidos. La empresa se privatizó el 1 de febrero de 2006, y el día 3 programó su primera reunión multi-sectorial para tratar el nuevo sistema de control de calidad diseñado para mejorar la transparencia en el ciclo de comercialización del camarón, desde su origen hasta la planta procesadora, lote, bodega, y modo de transporte. Por su parte, los camaroneros de Puerto Peñasco voluntariamente limitaron el número de sus embarcaciones a 120, su temporada a 90 días en zonas restringidas, y la longitud de su equipo de barrida de 140 a 100 pies. Por auto-regulación, Canainpesca también estrena el único equipo de dos excluidores de peces “ojo de pescado” en el país, además de emplear excluidores de tortuga. Tiene 20 observadores externos para averiguar todo al respecto. Más aún, entrega informes a las autoridades cada año acerca del total de extracción, de fauna de acompañamiento por especie, y de desechos entregados en puerto para su disposición -- mediante la bitácora. “Dicen que sumar es bueno”, comenta López León.
El 21 de febrero de 2006, la Conapesca puso en marcha la "Alianza Nacional contra la Pesca Ilegal", a fin de optimizar los resultados del proceso, la observancia de vedas y la protección de especies en peligro de extinción. El impulso al ordenamiento y la sustentabilidad depende de los productores, como “principales aliados para realizar esta importante tarea de consolidar un sector pesquero y acuícola próspero,” dijo el Comisionado Ramón Corral Ávila. Obviamente queda mucho por hacer. “No hay camarón sustentable, todavía”, advierte Alejandro Castillo, coordinador de Proyectos de Desarrollo Sustentable del CEDO. Por su lado, agrega Sergio Enrique Zavala, gerente de operación industrial de Ocean Garden: “La voluntad es lo principal”.
Siempre presente: Los conflictos por las aguas afluentes
Para que florezcan proyectos como estos, todavía falta profundizar en las medidas ya iniciadas en los últimos meses, actualizar el marco legal, definir mecanismos más eficientes de vigilancia, seguir con el monitoreo y evaluación, y sanar los afluentes que llegan al golfo, además de encontrar más alternativas productivas. Inclusive, según concluyó Anthony Cox, analista principal de la División de Pesca de la Organización de Cooperación para el Desarrollo Económico (OCDE), en visita a la región durante febrero de 2006, la administración pesquera debe volver a ser a nivel de secretaría de Estado para facilitar mayor apoyo, como por ejemplo al Plan de Manejo de la Pesquería de Camarón en el Litoral del Océano Pacífico, en el cual actualmente se trabaja. Si los agentes del gobierno obedecen estrictamente a su deber, beneficiará a todos, desde el abulón hasta el consumidor, resume Zavala de Ocean Garden: “En todo lo que he visto, la cuestión es actuar y hacer”.
Aún así, en el ordenamiento ecológico marino se tiene que considerar que los pescadores enfrentan diversos conflictos de interés con los sectores de acuacultura, turismo, conservación y agricultura que se desarrollan en la Región del Golfo, principalmente por problemas en delimitación de zonas de captura y de contaminación exacerbada por lo escaso del agua dulce. Sin la planeación integral, estos problemas pueden llevar a la región a la ruina y la pobreza, Conapesca admite. “El desarrollo pesquero de la zona requiere del control por acuerdos regionales de las emisiones actuales de las industrias y agroindustrias, y de las aguas negras citadinas aledañas”, dice. “En el largo plazo el escenario regional en la costa norte del Pacífico mexicano es la creciente escasez de agua en las cuencas, las catástrofes provocadas por inundaciones, y el impacto sobre otras actividades productivas.
“La protección de las cuencas resulta estratégica para el desarrollo de las costas, para lo cual hay que crear planes de manejo ambiental, que consideren que el desarrollo industrial y agroindustrial debe evitar la contaminación letal del medio ambiente. Las implicaciones de la ausencia de esas políticas o planes de manejo son la baja de la calidad de vida humana, de ciudades y poblados aledaños, relacionados con la erosión, azolve y descenso de las poblaciones biológicas, entre ellas las acuáticas comerciales”.
Talli Nauman es cofundadora y codirectora de Periodismo para Elevar la Conciencia Ecológica, responsable de esta serie de reportajes de investigación sobre el desarrollo sustentable en El Golfo de California, misma que fue realizada gracias al apoyo de gente en toda la región y patrocinada a instancia del Fondo Educación Ambiental, el Centro Internacional para Periodistas, y la Fundación David y Lucile Packard.