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El Golfo de California:

Salsipuedes: Retos del ecoturismo en la Baja Sur

Miguel Ángel Torres y Micheline Cariño | 20 de abril de 2006

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Programa de las Américas

En la construcción del entramado para forjar un estilo de crecimiento socialmente aceptado, políticamente viable y respetuoso de los recursos naturales al grado de que garantice su uso racional y preservación para las futuras generaciones, convergen innumerables esfuerzos, a veces contrapuestos, provenientes de los gobiernos federal, estatales y municipales, de los inversionistas nacionales y extranjeros, de la academia y de las organizaciones de la sociedad civil.

En este contexto, la Península de Baja California es un verdadero laboratorio de donde se están obteniendo múltiples enseñanzas por el mosaico de retos que se presentan y por la riqueza de propuestas vanguardistas para solucionarlos. En la parte central de esta excepcional región, la Reserva de la Biosfera del Vizcaíno (Rebivi) constituye un verdadero microcosmos, único en el mundo, como otras áreas de la región del Mar de Cortés del que forma parte.

Se puede conocer la Misión de San Ignacio, intacta desde la llegada de los españoles. Foto: Miguel Ángel Torres

Pero, ¿qué hacer en un territorio que a grandes rasgos presenta adversidades variopintas para impulsar el “desarrollo”?Sus características topográficas son agrestes, está muy lejana de la masa continental y de los centros urbanos de Baja California Sur, que de por sí son pequeños, lo que dificulta la introducción de servicios públicos, como agua potable, electricidad, caminos y redes de drenaje; la organización política es nula y la social gira alrededor del ejido y del cooperativismo, figuras complejas y generadoras de desconfianza hacia la inversión privada o apoyo público. Y esa es, paradójicamente, parte de su riqueza.

En la Reserva se goza el paisaje y se pueden conocer desiertos con gran riqueza vegetal y animal, arte rupestre milenario y fantástico, oasis que son un bálsamo para la mirada del visitante, lugares de avistamiento del ancestral viaje de la ballena gris – que únicamente en sus lagunas se reproduce y concibe, aves migratorias que aquí encuentran refugio, y misiones jesuitas, casi intactas, que sirvieron para colonizar a las etnias locales a la llegada de los españoles; entre otros muchos atractivos.

SIERRA DE SANTA MARTHA, BCS – Manejando a una velocidad de entre 30 y 35 kilómetros por hora, en camino de terracería, unos campesinos detienen su vehículo ante un grupo de unas 10 personas desconocidas. Anochece pero no hay miedo, contra lo que pudiera pensarse. Los pasajeros miran a seis turistas y otros cuatro campesinos. Se les ponchó una llanta del coche, un sedán que no aguantó el peso de los visitantes y las peripecias del camino. Trae placas del Distrito Federal, situado a más de mil kilómetros de distancia.

La Sierra de Santa Martha: En la Rebivi se goza el arte rupestre milenario y fantástico. Foto: Miguel Ángel Torres

Solidarios, los campesinos ayudan a los visitantes a arreglar la ponchadura. Se despiden como grandes amigos, como si tuviesen mucho tiempo de conocerse, pero es un encuentro ocasional. Los viajeros piden ayuda para llegar hasta la carretera, a unos 50 kilómetros de distancia. Unas horas antes se escuchaban sus carcajadas cuando bajaban del sitio en que se encuentran las pinturas rupestres, gigantescas figuras humanas y animales, cuyas imágenes le han dado la vuelta al mundo y su origen se remonta a hace unos 4 mil 500 años de antigüedad.

Aquí, la Sierra de Santa Martha, comparte con su vecina, la de San Francisco, el prestigio de estar entre los primeros cinco sitios en el mundo por su arte rupestre, lo que les ha conferido estar inscritas en la lista de Patrimonio de la Humanidad.

Esto es parte de la Reserva de la Biósfera de El Vizcaino, ubicada en la zona norte del estado de Baja California Sur, una de las entidades con geografía más agreste de México.

La reserva de El Vizcaíno se decretó como Área Natural Protegida con categoría de Reserva de la Biosfera el 30 de noviembre de 1988. Se encuentra en el municipio de Mulegé, en el norte del estado de Baja California Sur. En ese municipio habitan 45 mil 985 personas de las cuales unas 39 mil viven en la Reserva, lo que significa un 85% de la población del municipio y un 9.2% de la del estado. Se considera que en la Reserva, al igual que en el municipio de Mulegé, el nivel de población ha permanecido prácticamente estacionario desde los últimos años de la década de los noventa, con un crecimiento sólo del 0.04 %, que contrasta con el correspondiente al estado que es del 12.8%. La densidad de población en la Reserva se calcula en poco menos de un habitante por kilómetro cuadrado (0.7 hab. /km 2 ), siendo una de las más bajas en México. En la siguiente tabla se puede apreciar la distribución de la población en la Reserva por comunidad y por sexo.

Población por comunidad y por sexo en la Reserva de la Biosfera del Vizcaíno

Comunidades

Población

Hombres

Mujeres

La Bocana

1,084

564

519

Bahía Tortugas

2,679

1,374

1,304

Bahía Asunción

1,381

720

661

Santa Rosalía

10,451

5,271

5,180

Guerrero Negro

13,400

6,659

6,741

Punta Abreojos

808

412

396

San Ignacio

799

407

392

Ejido Benito Juárez

376

192

184

Colonia Laguneros

92

47

45

La Joya

697

355

342

Fco. J. Mújica

128

65

63

G. Díaz Ordaz

2,339

1,193

1,146

El Vizcaíno

2,500

1,275

1,225

Emiliano Zapata No. 1

457

233

224

La Reserva de la Biosfera de El Vizcaíno con sus 2 millones 546 mil 790 hectáreas es la más grande del país. Comprende el 77% de la superficie del municipio de Mulegé y el 34.6% del territorio del estado. La mayor parte de la superficie de la Reserva es terreno ejidal (86%), siguiéndole en importancia los fundos mineros (9.7%). El 86% de la superficie de la reserva es zona de amortiguamiento mientras que el restante 14% es zona núcleo. La zona núcleo total está formada por 16 zonas núcleo que abarcan parte del desierto del Vizcaíno, la zona norte de la laguna Ojo de Liebre, zonas litorales de la laguna Guerrero Negro, las islas de la laguna Ojo de Liebre, el resto de islas dentro de la reserva y la zona de la Sierra de las Tinajas de Murillo. La Reserva tiene cinco kilómetros de franja costera de mar territorial, con el fin de incluir la ruta migratoria de la ballena gris, las islas y los recursos pesqueros. En esta franja costera se encuentran 16 islas e islotes; las más grandes e importantes se localizan en la vertiente del Pacífico. La Rebivi incluye los siguientes tipos de ecosistemas: marino y costeros; desierto; agua dulce; agrícolas (moderna y tradicional); y otros (minería y huertos).

Los ejidatarios de la Sierra de Santa Martha: Guías de un lugar mágico

Don José, guía de 67 años, en ningún momento descuida a los visitantes. Foto: Helene Michoux.

Para llegar al santuario de Santa Martha, primero hay que ir a San Ignacio, a unos 600 kilómetros de La Paz, la capital del estado. Ahí debe comprarse en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), un permiso de 30 pesos por persona, más otra cantidad similar por cámara fotográfica o de video. Pagadas las cuotas, el empleado se comunica por radio con la base en Santa Martha para pedir un guía y establecer la hora de la reunión.

¿A que hora van a salir? ¿En que vehículo van? Son las primeras preguntas para estimar el tiempo de recorrido y la hora de llegada. En ese momento se da a conocer el nombre del guía y todo se registra en una bitácora, para control del número de visitantes y distribución del trabajo entre los lugareños. Y esto es imprescindible porque resulta que nuestro guía vive a una hora de camino del lugar en que espera a los ecoturistas. ¿Y usted dónde vive Don José? Responde señalando una montaña y diciendo “allá arriba, a una hora y media caminando”.

A los guías –once en total- que se turnan para prestar el servicio, hay que pagarles 180 pesos, única percepción económica que reciben hasta por varias semanas. Interrogado, Don José dice que vive del campo, puro sembradío de temporal ya que no hay agua en este desierto. Cultiva jitomate, chile, maíz y frijoles. Espera que el 2006 sea mejor que el año anterior porque casi no llovió.

El guía es una persona de 67 años que en ningún momento descuida a los visitantes, de tal suerte que cuando estos se detienen a descansar debido a la abrupta subida, él aprovecha para silbar una canción ranchera o platicar sobre las cabras del monte, sobre el atardecer de este día, para saber de dónde provienen sus clientes y hacer comentarios sobre las propiedades medicinales de las plantas del lugar, de las pinturas. ¡Como en casa!

Rumbo a las pinturas: Comentarios sobre las propiedades medicinales de las plantas. Foto: Helene Michoux.

Durante el recorrido de ida, que es de una hora u hora y media, explaya sus conocimientos de herbolaria. La garambulla es muy apreciada por los animales, guarda agua y cuando da su fruto, es un deleite. El melón coyote, asegura, sirve contra la diabetes y es bueno para hacer funcionar el riñón cuando está afectado. Y así, se está frente a una verdadera enciclopedia sobre las propiedades botánicas de las espinas, los troncos, las hojas, de este lugar que parece alejado del mundo, pero que está tan cerca y en el centro de los sentidos.

Las pinturas están en una cueva ¿Y dónde está la cueva? Es la pregunta cada vez más recurrente a medida que se pierde ligereza en el paso. Está en la cima de la montaña, una gran cavidad a la que se llega después de hora y media de camino por vereda. Es imponente por la riqueza de la galería, por el tamaño de las obras, por el silencio que se impone en el lugar. A veces se escucha sólo el viento y algunas piedras que se desbarrancan debido al paso de las cabras de monte. Desde las alturas se obtiene una vista hermosa de las montañas aledañas y del valle cercano. Es un lugar mágico.

Figuras cuyo origen se remonta a hace unos 4 mil 500 años de antigüedad. Foto: Miguel Ángel Torres.

Atravesando arroyos secos, subiendo y bajando montículos, pisando sobre tierra llana y roja, después montículos de piedras, ahora brincando grandes piedras. El trayecto se puede hacer también con mula, caballo y burro, depende lo que haya.

El lugar, a pesar de los tantos intereses creados alrededor del ecoturismo, es uno de los buenos ejemplos, como varios que hay alrededor del Golfo de California, bordeado por las entidades de Sinaloa, Sonora, Nayarit, y las dos Baja Californias. En la del Sur, la vida silvestre ha logrado sobrevivir, debido al aislamiento del estado respecto de la masa continental, a lo indómito de su territorio y al abandono en que estuvo de los planes gubernamentales y de inversiones del sector privado.

Tan sólo una carretera pavimentada va desde Los Cabos, hasta la frontera con Estados Unidos en Tijuana y en Mexicali. A lo largo de la Península, ésta ofrece derivaciones hacia las paradisíacas playas, hacia los albergues de las ballenas y, por supuesto, hasta las sierras de San Francisco y Santa Martha.

Los majestuosos paisajes bajacalifornianos están en permanente riesgo de sufrir una nueva colonización por parte de inversionistas extranjeros que reciben todo tipo de estímulos de los gobiernos federal y estatal para incursionar en desarrollos inmobiliarios y de esparcimiento para quienes gustan del ecoturismo. Pero está mal entendido si se considera que el concepto conlleva automáticamente al respeto a los recursos naturales, a la creación de empleos de calidad para los lugareños, a la sana competencia con los locales y al consenso social para la realización de proyectos, por decir lo menos.

Aunque Don José, el guía en la Sierra de Santa Martha, a veces percibe sólo 180 pesos en un mes, en las temporadas débiles de turismo, no se queja. “Es mejor así, porque tanta gente aquí no es tan bueno, dejan basura, espantan a los animales, se pierde la tranquilidad”. Y ese sentimiento es compartido por habitantes desde la capital estatal, La Paz, hasta la Laguna de San Ignacio, refugio ancestral de la ballena gris.

La empresa Kuyimá gana la certificación: Emprende y aprende

Cada año hay más empresas que ofrecen servicios para el ecoturismo o el turismo alternativo, como también se le conoce. Kuyimá, es una de ellas y ofrece viajes a la Sierra de Santa Martha por 50 dólares por un día y por persona para grupos de cuatro y más visitantes. Con 16 años en el mercado, la firma Ecoturismo Kuyimá acaba de obtener la certificación como empresa sustentable por parte de Green Globe 21, organismo internacional respaldado por 27 organizaciones industriales y gubernamentales quienes revisaron que Kuyimá realizara sus actividades cumpliendo con los principios de sustentabilidad en las esferas social, ambiental y económica.

Sobre el punto, José de Jesús Varela, mejor conocido como Josele, director general de Kuyimá, expresa, “Nos sometimos a un proceso de certificación porque lo vimos como un instrumento de mejora interna de nuestras operaciones administrativas y como un incentivo de mercado”. Aduce que no es que en la empresa sean unas chuchas cuereras, sino que las exigencias se ajustaban a lo que ya venían haciendo, así que fue algo natural que cumplieran y fuesen los primeros a nivel mundial en obtener la certificación por parte de Green Globe 21.

Explica que la certificación les ayudó a mejorar: “Teníamos mucha información dispersa y tuvimos que ordenarla. Tenemos nuestros registros de consumo de agua, consumo de detergentes, biodegradables o no, consumo de papel, las personas que estamos trabajando aquí, cuántos somos del lugar, que capacitación hemos recibido, cuánto destinamos directamente a la conservación, cuántos empleos generamos, qué hacemos con los desechos orgánicos, con los sólidos, cómo los manejamos, qué porcentaje reciclamos, qué nos falta”.

Kuyimá se formó en la Laguna de San Ignacio en 1990 para aprovechar el avistamiento de ballenas, actividad un tanto desdeñada por los pescadores locales, quienes tenían viva la leyenda del pez diablo para referirse a la ballena en días de apareamiento, con movimientos sumamente violentos. En esa época sólo Francisco Mayoral González (Pachico) recibía pequeños grupos de una empresa americana, a los que llevaba en sus lanchas a ver las ballenas, relata Josele.

Pachico Mayoral: Ecologista empírico recibe grupos a los que lleva a ver las ballenas. Foto: Miguel Ángel Torres.

En 1994, aunque Kuyimá empleaba a algunos locales para llevar a los turistas a observar a las ballenas, era vista como una empresa extraña que se apoderaba de las oportunidades de trabajo para los locales, gracias a sus contactos internacionales y con el gobierno del estado. Hoy, se le critica porque da empleos de baja calidad a los lugareños y de manera eventual. No se le considera local, aunque las nuevas generaciones reconocen sus méritos para el lugar. Cuando la empresa inició operaciones en el santuario ballenero, los pescadores no sabían en su mayoría, leer ni escribir, vivían de comer mantaraya, alojaban a los turistas en sus viviendas sin más comodidad que techo y cobijas. Ahora, sus hijos han ido a las universidades y centros de educación ambiental. Están mejor preparados para recibir al turismo alternativo y para trabajar más de la mano con los habitantes de San Ignacio, localidad ubicada a unos 50 kilómetros de La Laguna. Compiten por medio de internet para atraer visitantes, algo impensable hace una década.

Los tesoros de la Reserva: Atraen a los visitantes

Los mamíferos marinos que transitan por los dos litorales y las lagunas de la Reserva encuentran protección, refugio y alimentación, así como condiciones prístinas que posibilitan el arribazón de la ballena gris para parir y aparearse. La ballena gris está sujeta a protección especial. Los censos más recientes reportan poblaciones de por lo menos 2 mil 500 ballenas grises en la zona de la Reserva.

Los   litorales, las lagunas y los esteros son muy productivos, lo que trae como consecuencia que las costas tienen una de las pesqueras más ricas del mundo. Los complejos lagunares y esteros se encuentran en excelentes condiciones de conservación. La migración anual de aves por la ruta del Pacífico encuentra en la Reserva extensas áreas de descanso y alimentación bajo protección. Miles de aves marinas, playeras y rapaces se alimentan en los ricos litorales, tanto en invierno como en verano.

La Rebivi cuenta con una gran variedad de flora y fauna terrestre y marina. En esta región se concentra la mayor cantidad de asociaciones vegetales de toda la península. Aproximadamente un 8.3% de la flora se reconoce como endémica de la región geográfica del Desierto de El Vizcaíno. Aquí se encuentran especies como el berrendo, que está en peligro de extinción y el borrego cimarrón, considerado como amenazado.

La Reserva está situada en una región árida que pertenece a la macro región natural denominada Desierto Sonorense. Se considera que esta zona es transicional entre los desiertos del suroeste de los Estados Unidos de Norteamérica y los desiertos subtropicales de México. La Rebivi comprende tres subdivisiones del Desierto Sonorense: La del “Desierto de Vizcaíno”, que es la más representativa ya que comprende un 95% del área de la Reserva; la de la “Costa del Golfo” situada en una estrecha franja en los márgenes orientales de las serranías del este de la Reserva; y la “Región Magdalena”, una pequeña superficie situada al suroeste de la Reserva.

Reserva de la Biosfera de El Vizcaíno: Abarca el municipio de Mulegé y sus ejidos. Mapa: Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

El área protegida incluye una planicie costera compuesta por lomeríos, mesetas y cañadas de poca profundidad; cuenta con fenómenos orográficos como las sierras Placeres y la de Santa Clara, los esteros que se encuentran en la franja costera occidental, así como varias llanuras desérticas y áreas anegables en las zonas de influencia de las lagunas Ojo de Liebre y San Ignacio. Existen grandes macizos montañosos en el oriente de la península y algunos cerros aislados como El Colorado, El Hermoso y la Sierra el Serrucho. La Sierra de San Francisco comprende un conjunto de elevaciones truncadas y alargadas de pendiente abrupta. En este macizo montañoso sobresalen tres volcanes conocidos como las Tres Vírgenes; el del Azufre aún se encuentra activo, y se pueden apreciar en sus inmediaciones fumarolas de vapor de agua y azufre. La población de Santa Rosalía está rodeada de una formación montañosa en la que destacan los cerros El Calvario y el Cerro Verde.

A pesar del estatus de área protegida, la Rebivi no está exenta de amenazas. A mediados de la década de los noventa, hubo la pretensión, finalmente desechada, de ampliar los salitrales desde Guerrero Negro hasta la Laguna de San Ignacio, proyecto encabezado por Mitsubishi. Más recientemente, el lugar apareció dentro de los planes del gobierno federal para construir en sus terrenos al menos dos escalas náuticas para recibir al gran turismo.

La Reserva tiene extensas áreas de descanso y alimentación, pero no está exenta de amenazas. Foto: Helene Michoux.

Han sido precisamente sus características ya mencionadas las que han atraído a visitantes internacionales y nacionales interesados en la conservación, uso y preservación de los recursos naturales, así como en la aplicación de planes y recursos financieros para mitigar la pobreza en la región, lo que ha dado un vuelco, de tal forma que un conglomerado de organizaciones no gubernamentales de Estados Unidos, de México, y dependencias gubernamentales, de pescadores y de prestadores de servicios turísticos locales han formado la Alianza de Conservación de la Laguna de San Ignacio, cuya historia apenas se empieza a forjar con esperanzas.

El gran turismo: Contraste al turismo de bajo impacto

La principal amenaza vigente para la diversidad y aún riqueza de recursos naturales y el estilo de vida prevaleciente, tan apreciado por propios y extranjeros, es la Escalera Náutica, un proyecto del gobierno federal para construir 27 estacionamientos para yates en las costas del Mar de Cortés, en sitios, que señalan ambientalistas y prestadores de servicios, constituyen refugios naturales que ya son usados por los navegantes del Golfo de California sin necesidad de construir infraestructura.

El proyecto ha entusiasmado a los grandes inversionistas nacionales y extranjeros, quienes han expresado sus intenciones de incursionar en la construcción de escalas marinas acompañadas de centros comerciales, hoteles de gran turismo y centros habitacionales de lujo para pensionados extranjeros, todo en nombre del ecoturismo y justo en las playas populares, destinadas a desaparecer, como ya está sucediendo de manera vertiginosa en el sur del estado, desde La Paz hasta Los Cabos.

Y es que el ecoturismo es confundido con la práctica del turismo de deportes peligrosos y de caza y pesca, que nada tienen que ver con las pretensiones del bajo impacto ambiental, la conservación de los recursos y la participación de la población en la toma de decisiones sobre los proyectos y, menos aun, en la distribución de los beneficios entre la población local. Es aprovechado también por el gobierno federal para capitalizar el creciente turismo abocado a disfrutar de los lugares remotos, alejados de los grandes centros urbanos y comerciales, sin tomar en cuenta los impactos ambientales que ocasiona.

Baja Expeditions, una empresa vanguardista en el ecoturismo en la Península, fundada por Timoteo Means, oriundo de Arizona, quien está conciente de lo que tiene la región y de lo que puede perder. Combina el negocio de avistamiento de ballenas, kayakismo, recorridos de senderos, y la obligada educación ambiental de sus colaboradores para concienciar y retar a los clientes: “Salsipuedes” es el lema y su apuesta que se lee en la fachada del local, donde se dan cita los expedicionarios y los que reciben educación ambiental. Muchos no han podido salir. Tim—como es conocido—con ese renglón firma por italianos, franceses, tapatíos, michoacanos, regios, defeños y los demás. Es un enamorado más de la Península a la que defiende de todo proyecto de “progreso entre comillas”, como le gusta decir. Y como él, han llegado a estos lugares recónditos desde los más diversos rincones del País y del extranjero, cantidad de personas que luchan contra la transformación de las playas más populares de Baja California Sur, en centros comerciales y habitacionales de lujo. Son muchos los que están en desacuerdo con el desmedido crecimiento urbano, con la destrucción del paisaje, con el crecimiento de la pobreza, buscando evitar la expansión y—si se puede—corregir el lastimoso estado en que vive la población de Cabo San Lucas y San José del Cabo, perfectos ejemplos del anti-desarrollo, según sus pareceres.

Alianza de Conservación de la Laguna de San Ignacio: Organización pionera

Como resultado de este cúmulo de experiencias, y por qué no decirlo, de las consecuencias de la otra globalización, ha nacido una nueva organización pionera en sus propósitos y en su estructura, llamada Alianza de Conservación de la Laguna de San Ignacio. Aglutina con fines específicos de conservación y desarrollo sustentable a 43 familias del ejido Luis Echeverría, en la Laguna de San Ignacio, y a las organizaciones no gubernamentales Pronatura, Wildcoast, International Community Foundation y Natural Resources Defense Council.

Atardecer en Laguna de San Ignacio: “Que la misma comunidad decida” en la nueva Alianza. Foto: Miguel Ángel Torres.

El acontecimiento resulta trascendental por varias razones: la laguna fue declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad; es un refugio no sólo de ballenas, sino además de tortugas marinas, aves migratorias y de especies terrestres como el puma y el berrendo. La totalidad de su territorio es ejidal, lo que implica que sus tierras se administran colectivamente, salvo las áreas de uso familiar. El área pasó al novedoso régimen de servidumbre ecológica, lo que implica que por los años de los años, esa será su vocación, sin importar el cambio generacional en la administración.

El convenio de servidumbre ecológica protege a 45 mil hectáreas, 80% del territorio del ejido Luis Echeverría, y deja a la laguna al margen de proyectos como el de la Escalera Náutica y de la explotación intensiva de la pesca y el turismo, actividades que serán sujetas a regulación y monitoreo por parte de la organización no gubernamental (ONG) Pronatura. Para apoyar proyectos productivos alternativos, el ejido recibirá 25 mil dólares anuales a perpetuidad, que serán depositados en un fideicomiso, administrado conjuntamente con la ONG International Community Foundation, así como la cantidad de 545 mil dólares de pago único destinados a programas por aplicar en las áreas individuales. Raúl López Góngora, comisario ejidal en Luis Echeverría, explica que mientras en otras partes de la Península están vendiendo las propiedades que luego son motivo de especulación o asiento de construcciones inmobiliarias, ellos apuestan a seguir con el ejido y probar nuevas experiencias. Hasta ahora, los habitantes viven de la pesca y del avistamiento de ballenas, que dura de octubre a marzo.

La Alianza busca extender la experiencia al resto de los ejidos que circundan a la laguna. “El concepto es que la misma comunidad decida qué es lo que quiere para el futuro y cómo puede utilizar de mejor manera sus recursos”, explica Miguel Ángel Vargas, coordinador del Programa de Conservación de Tierras de Pronatura.

Micheline Cariño es profesora investigadora en la Universidad Autónoma de Baja California Sur desde 1989, autora de seis libros y más de 80 artículos. Miguel Ángel Torres es cofundador y codirector de Periodismo para Elevar la Conciencia Ecológica, responsable de esta serie de reportajes de investigación sobre el desarrollo sustentable en El Golfo de California, misma que fue realizada gracias al apoyo de gente en toda la región y patrocinada a instancia del Fondo Educación Ambiental, el Centro Internacional para Periodistas, y la Fundación David y Lucile Packard.

 

Recursos

Gulf of California Environmental Series Index: Spanish and English


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Cita recomendada:
Miguel Ángel Torres y Micheline Cariño, "El Golfo de California: Salsipuedes: Retos del ecoturismo en la Baja Sur," Programa de las Américas (Silver City, NM: International Relations Center, 20 de abril de 2006).

Ubicación en Internet:
http://www.ircamericas.org/esp/3228

Información de producción:
Escritor: Miguel Ángel Torres y Micheline Cariño
Editor: Talli Nauman, IRC
Producción y diseño: Nick Henry, IRC

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