Desde que se vio forzado a abandonar el poder, tras la derrota electoral de 1990, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) atravesó varias crisis políticas que llevaron a que buena parte de los fundadores y líderes más carismáticos abandonaran el partido. A las deserciones se sumaron los cuestionamientos éticos que sufre su principal dirigente, Daniel Ortega, lo que se traduce en la división en lo que podríamos denominar “los dos sandinismos”.
A las elecciones presidenciales y legislativas del 5 de noviembre el sandinismo concurre partido en dos: Daniel Ortega encabeza la lista del FSLN en tanto Edmundo Jarquin y el cantautor Carlos Mejía Godoy la del Movimiento por el Rescate del Sandinismo ( MPRS ) 1, luego de la sorpresiva muerte de Herty Lewites, candidato presidencial de este sector disidente que aglutina a los principales referentes históricos del sandinismo. Una larga entrevista con la comandante Mónica Baltodano permite explicar algunas claves de esta división 2.
Crisis ética y política
El primer gran escándalo posterior a la retirada del poder en 1990, fue la denominada “piñata”. Se llamó así al reparto de bienes que se hizo después de la derrota, y que benefició a miles de campesinos con tierra y a pobladores de la ciudad con vivienda, pero que escondió también el reparto ilícito de capital entre altos funcionarios sandinistas que resultaron ilegalmente enriquecidos. Ya en 1992, 30 grandes empresas eran propiedad del FSLN o de sus dirigentes 3. Y con el tiempo la cúpula del sandinismo continuó enriqueciéndose gracias a pactos y alianzas con los poderosos del país.
En 1994 viejos dirigentes abandonaron el FSLN creando dos años después el Movimiento Renovador Sandinista (MRS). Según Mónica Baltodano, “desde 1994 se han producido, por oleadas, salidas de importantes grupos de militantes. La primera gran oleada se dio con la formación del MRS con Dora María Téllez, Sergio Ramírez Mercado y Ernesto Cardenal. Luego, con la expulsión de Herty Lewites y Víctor Hugo Tinoco, se creó el Movimiento por el Rescate del Sandinismo al que se integró nuestro grupo, Izquierda Democrática”.
En 1999 se llegó a una situación inédita, ya que Daniel Ortega firmó un pacto con el presidente Arnoldo Alemán —luego acusado y procesado por corrupción—por el que se repartieron los principales poderes del Estado . “Mediante ese pacto Ortega ha conseguido si no el control total, una cuota importante de las principales instituciones del país. A cambio dio gobernabilidad a los sucesivos gobiernos neoliberales, desmovilizando al pueblo y permitiendo las leyes y decisiones que nos han sumido en el más absoluto abandono”, señala Baltodano.
Más escueta, la revista Envío definió al pacto como “obscenidad política” 4. Según la publicación de la Universidad Centroamericana, las nuevas reglas del juego establecidas por ese pacto tienen dos objetivos: “Bipartidizar los órganos electorales y encauzar a la fuerza la voluntad de los votantes hacia el bipartidismo. Y tienen una filosofía: las mayoría se imponen, las minorías no se respetan” 5.
En adelante, el poder quedaría repartido entre el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) de Aleman y el FSLN de Ortega. Se llegó al punto de que el Contralor General de la Nación, Augusto Jarquín, fuera destituido y encarcelado como consecuencia del pacto Aleman-Ortega. Según Baltodano, “en nuestro país existe la percepción de que estamos controlados por dos grupos de mafiosos, uno de Aleman y otro de Daniel Ortega, quienes utilizan espacios de poder para favorecer a ambos grupos. Con mucha frecuencia estallan escándalos por los veredictos favorables a narcotraficantes, de quienes se dicen pagan jugosas ‘mordidas'. O asesinatos políticos jamás esclarecidos como el del periodista Carlos Guadamuz, uno de los principales protegidos de Ortega, quien se distanció luego de que Ortega lo despojara de una de las más importantes radios de Nicaragua, Radio Ya, y a partir de ello llegó a convertirse en un enemigo acérrimo de Ortega y su grupo”.
Guadamuz criticó con fuerza a los diputados del FSLN, partido al que pertenecía y del que fue expulsado por discrepar con el pacto, dijo que Daniel Ortega es “el nuevo Somoza de Nicaragua”. Según la revista Envío, Guadamuz “temeroso de represalias de parte de Ortega, abandonó la batalla jurídica por defender sus derechos como militante del FSLN” 6. A la vez que fue implacable con los disidentes de su partido, Ortega fue dócil con los enemigos del sandinismo: el 26 de noviembre de 2003 el pacto volvió a funcionar, ya que la “justicia” puso en libertad a Alemán, “reo acusado por gravísimos delitos de corrupción” 7.
El caso Zoilamérica
Este caso es, desde el punto de vista ético, el más grave que enfrenta Ortega y la cúpula del FSLN. Pone de relieve, como aseguró la poetisa nicaragüense Gioconda Belli, “la obra de nuestro Maquiavélico Príncipe criollo Daniel Ortega” 8. En marzo de 1998 la hija adoptiva de Daniel Ortega, Zoilamérica Narváez (hija de Rosario Murillo, esposa de Ortega), acusó públicamente al líder del FSLN de incesto, declarando que había abusado de ella sexualmente durante 19 años 9. La revelación de Zoilamérica sacudió a Nicaragua y al sandinismo, pero no a Daniel Ortega, a su esposa ni al aparato sandinista, que cerró filas junto al líder. Un veterano sandinista, Alejandro Bendaña, confirmó la denuncia y pidió perdón: “Hoy como hombre te pido perdón, Zoilamérica, por no haber hecho lo suficiente para detener a Daniel Ortega en su agresión contra vos, agresión que yo llegué a presenciar (...). Pido perdón por todos los hombres y mujeres que también sabían de esta situación y no tuvieron el valor ni entonces ni hoy de hablar y tomar partido por la justicia” 10.
Hombres y mujeres sandinistas, algunas declaradamente feministas, apoyaron a Ortega. El Frente difamó a la denunciante, a la que acusaron de hacerle el juego al enemigo y de formar parte de una conspiración digitada por la CIA . Gioconda Belli señaló que si el FSLN era incapaz de escuchar a Zoilamérica “habrá llegado a ser un partido al servicio de la carrera política de un hombre”.
El caso fue ignorado por buena parte de las izquierdas del continente, tal vez porque lo consideran asunto privado y porque creen que Daniel Ortega es un compañero enfrentado al enemigo, que constituye una real alternativa de poder frente al neoliberalismo en Nicaragua. Mucho se ha hablado de la corrupción de la cúpula sandinista a raíz de la piñata, que le permitió a sus dirigentes convertirse en afortunados empresarios. Y mucho se criticó el pacto Alemán-Ortega, por el cual el sandinismo adquirió el control de importantes resortes del aparato estatal. Pero del caso Zoilamérica se habla poco, o nada.
Margaret Randall, feminista estadounidense que vivió y militó en Nicaragua en los ochenta, autora entre otros del libro Las hijas de Sandino, intentó bucear en este caso concluyendo que no habrá cambio social sin revisar el poder desde la mirada de las mujeres. “He llegado a creer—dice en un artículo de la revista Envío de enero de 2000—que la incapacidad de los movimientos revolucionarios para escuchar a todos los grupos sociales, analizar su potencialidad y asegurar su plena gestión, ha sido en gran parte responsable del fracaso de estos movimientos para permanecer en el poder. El enemigo externo era ciertamente abrumador. Pero el enemigo interno ha contribuido a la defunción revolucionaria en formas que recién ahora estamos empezando a comprender”.
¿Hacia un nuevo sandinismo?
La ex comandante Baltodano sostiene que en Nicaragua hay dos sandinismos: “El FSLN de la cúpula ha sido privatizado por Daniel Ortega, quien lo maneja como una empresa en la que es el accionista mayoritario. Esta empresa sirve para la obtención de réditos materiales concretos y privilegios de toda suerte para un reducido grupo de personas en base a su incondicionalidad a Daniel” 11. Asegura que luego de la derrota electoral de 1990 la dirección sandinista “involucionó a la autocracia: el poder en manos de una sola persona”, ya que Daniel Ortega no permitió ninguna renovación del liderazgo. También se ha adueñado de la candidatura presidencial—asegura Baltodano—estableciendo como doctrina que sin él como candidato sobrevendría el caos en el sandinismo. Cuando las bases se rebelan, “la respuesta ha sido la represión interna, las campañas de descrédito, el aislamiento. Incluso el uso del poder dentro de las instituciones judiciales, para ‘crear casos' y abrir juicios contra quienes nos rebelamos. No le interesa el debate, la diversidad de pensamiento, la información alternativa y la formación política”.
Ahora, la inmensa mayoría de los sandinistas críticos se agrupan detrás del MPRS, con la esperanza de ganar las elecciones. La repentina muerte de Herty Lewites, en el mes de mayo, candidato a la presidencia, dejó al sector con un vacío importante. “Herty Lewites hizo una buena gestión cuando fue ministro de Turismo en los años ochenta y luego en la alcaldía de Managua, y contaba con un fuerte reconocimiento de la ciudadanía. También tenía a su favor una excelente comunicación, sencilla y atrayente para la gente. Le fue reconocido también su coraje para enfrentar a Ortega. Su muerte es un duro golpe para la alianza y por ello hemos escogido una fórmula integrada por Edmundo Jarquin, quien era su candidato a la vicepresidencia, y Carlos Mejía Godoy, líder popular y el cantautor nicaragüense de más prestigio y reconocimiento a nivel nacional e internacional. Con esta fórmula esperamos enfrentar los desafíos, ahora desde luego en una situación más desventajosa”.
En una situación de extrema debilidad para los movimientos, la alternativa electoral parece ser la única que puede traer cambios. Las grandes organizaciones , las creadas en los años ochenta, están muy controladas por Daniel Ortega y de alguna manera siguen subordinando sus luchas a los intereses de la maquinaria partidaria. Sus principales líderes van siempre en las listas de candidatos a diputados o están presentes en las instituciones estatales repartidas mediante el pacto.
En 2005 se constituyó el Comité de Acción Global, que se moviliza en rechazo a la mundialización capitalista y contra el TLC Centroamérica-Estados Unidos (CAFTA). El Movimiento Autónomo de Mujeres también ha mantenido su propia agenda y dentro de ella destaca su crítica al sistema y la reivindicación de la política más allá de la vía partidaria. Uno de los movimientos sociales autónomos más emblemáticos ha sido el de los obreros y campesinos víctimas del Nemagón (agroquímico sintético que fue empleado en las bananeras varios años después de que había sido sacado del mercado en los países desarrollados, por sus efectos nocivos sobre la salud) que ahora aglutina a organizaciones de bananeros, cañeros y afectados por insuficiencia renal crónica, que han trascendido de sus demandas contra las trasnacionales responsables de la aplicación de pesticidas, a una denuncia integral del neoliberalismo. Este movimiento ha organizado varios plantones con miles de campesinos frente a la Asamblea Nacional, en demanda de una agenda reivindicativa que ha concitado la solidaridad de importantes sectores de nicaragüenses.
Estados Unidos, a través de la injerencia del embajador Trivelli, ha intentado por todos los medios unir a los dos grupos liberales que por primera vez se presentan divididos a una elección. En 1990 todas las fuerzas de la derecha integraron la Unión Nacional Opositora, en 1996 y 2001 se aglutinaron en el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) Ahora concurren por separado el PLC y la Alianza Liberal-Conservadora. “Los esfuerzos desatados por Estados Unidos para tratar que la derecha concurra unida se han realizado de una manera descarada, abiertamente injerencista”, asegura Baltodano. Esta intromisión también ha sido acompañada de una descalificación de Arnoldo Alemán y su grupo, a quienes no le perdonan actos de lavado de dinero en Estados Unidos, ni su pacto con Ortega, porque a su juicio le ha permitido a éste el control de los poderes del Estado. Alemán ya no les sirve y la Casa Blanca busca el control de una derecha unida, aunque todavía no lo ha conseguido.
Baltodano y un amplio núcleo de veteranos sandinistas procuran refundar la que fue la principal corriente por los cambios en Nicaragua. Para ello saben que necesitan recuperar lo mejor del pasado y a la vez criticar los errores de aquella experiencia. En ese sentido, asegura que “nuestra revolución no desarrolló suficientemente los mecanismos democráticos”, y enfatiza que “no volveríamos a atropellar la libertad de expresión, ni debemos colocarnos inútilmente en el centro de los conflictos internacionales”. Le parece que también fue equivocado el “afán estatizante de la revolución” así como “la despreocupación por los equilibrios macroeconómicos” porque “al final de cuentas, la inflación la pagan los sectores populares”.
Pero a la vez rescata la actitud antimperialista y la solidaridad, el papel del Estado preocupado por los problemas de la gente que destinó enormes esfuerzos en las tareas de la educación, la alfabetización y la salud gratuita. A la hora del balance, sostiene que la década sandinista dejó algunos resultados positivos nada despreciables: “La apertura a la democracia formal en tanto que superación de la dictadura”; “la conquista de la dignidad e independencia nacional, la conciencia de los derechos de las mujeres, la abolición de los órganos represivos, al servicio de la dictadura, y la construcción de instituciones profesionales y constitucionales para la defensa y el orden interno”.
Con este bagaje, los sandinistas críticos del FSLN creen estar en condiciones de conjugar la lucha política por el poder con la ética, algo que para una generación de nicaragüenses parecía imposible. El padre Ernesto Cardenal, quizá el mayor símbolo viviente del sandinismo, nos recuerda que para recuperar lo mejor de la tradición sandinista fue necesario romper con la cúpula del FSLN: “Es Daniel Ortega el que está haciendo eso, el que destruyó la Revolución, el que traicionó a Sandino (…) Todos los desastres que estamos teniendo se deben a él” 12.
Notas
- En el MPRS participan el Movimiento Renovador Sandinista, el Partido Socialista Nicaragüense, el Partido de Acción Ciudadana,, el Partido Verde Ecologista, Izquierda Democrática y varios movimientos sociales como el Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM) y la asociación de víctimas de plaguicidas (Nemagón).
- Mónica Baltodano fue ministra de Asuntos Regionales durante el gobierno sandinista. En 1996 es elegida como diputada de la Asamblea Nacional, pero en 1999 fue expulsada del Frente por su rechazo al pacto Alemán-Ortega, por el cual el entonces presidente y el líder de la oposición se repartieron cuotas de poder e impunidad en Nicaragua.
- Revista Envío, enero-febrero de 2000, p. 17.
- Idem, p. 4.
- Idem, p. 7.
- Idem, p. 6.
- Revistas Envío, diciembre de 2003 p. 3.
- Gioconda Belli, “La gritería que necesitamos”, El Nuevo Diario, Managua, 10 de diciembre de 2003.
- El testimonio completo puede encontrarse en www.sandino.org/zoila.htm.
- Revista Envío, marzo de 1998.
- Brecha, 11 de agosto de 2006.
- Revista Envío, diciembre de 2003, p. 9.
Raúl Zibechi es miembro del Consejo de Redacción del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor a varios grupos sociales. Es colaborador mensual con el IRC Programa de las Américas (www.americaspolicy.org).