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El retorno del Perú al G-20

Ariela Ruiz Caro | 12 de septiembre de 2006

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El anuncio del gobierno peruano de retornar al G-20, el próximo mes de septiembre, es una noticia positiva en la medida que reivindica uno de los actos más obsecuentes de la diplomacia peruana, que cedió a las presiones de las autoridades norteamericanas para que lo abandonara como condición para iniciar las negociaciones del TLC. Sin embargo, luego de la ratificación de éste por el congreso peruano, el retorno al G-20 no tiene importancia efectiva en la lucha por la eliminación de los subsidios agrícolas de los países industrializados en la Organización Mundial del Comercio, tal como es su objetivo.

Ello se debe no sólo a que las negociaciones en ese organismo multilateral están prácticamente colapsadas. Los países industrializados no tienen mayor interés en promoverlas—a pesar de los discursos que alientan a reactivarlas—en la medida que consigan lograr instaurar su modelo de integración económica a través de los TLC. Países que ya aceptaron las condiciones de un acuerdo comercial con Estados Unidos y/o la Unión Europea (como Chile, México o Perú) no contribuyen, en la práctica, a aumentar la presión que tienen países que todavía no han aceptado los términos que exigen los industrializados en el plano multilateral de la OMC.

El anuncio de reincorporación al G-20 se produce simultáneamente al viaje de la ministra de Comercio Exterior a Estados Unidos, también en septiembre, para promover la ratificación del TLC por el Congreso de ese país. El indubitable y decidido apoyo del presidente García al mismo, se basa, entre otras consideraciones, en que luego que éste entre en vigencia, podrá ser revisado si acaso se detectaran aspectos que perjudiquen al país.

Al respecto, es importante recordar el reciente caso de México. Ante la evidencia que la apertura total del mercado mexicano a las importaciones de maíz y frijoles procedentes de Estados Unidos, a partir de 2008, agravaría seriamente a la población del campo, el gobierno mexicano solicitó a éste y a Canadá una modificación de los plazos. Estados Unidos es el mayor productor de maíz del mundo y México es, después de Japón, el segundo destino de sus exportaciones. El precio del maíz norteamericano es entre 15 y 20% menor al costo de su producción, debido a los subsidios que reciben sus productores.

La propuesta mexicana fue inmediatamente rechazada con el argumento que “el NAFTA fue un muy buen acuerdo, que se contribuiría a mejorar la productividad de los campesinos mexicanos y se intentaría una búsqueda conjunta de terceros mercados para colocar la producción mexicana.” Así lo señaló el viceministro de Agricultura norteamericano, J.B. Penn. Ante la negativa norteamericana, el gobierno mexicano se retractó y prácticamente se arrepintió de haber formulado la revisión del mismo: “Estados Unidos y Canadá tienen razón en su rechazo a la demanda establecida en el acuerdo nacional para el campo, para excluir al maíz y fríjol del TLCAN”, dijo el secretario de Agricultura, Francisco Mayorga.

El tema de la revisión de los plazos para la liberación del mercado de ambos productos, fue centro del debate en la campaña entre los candidatos Felipe Calderón y el opositor Andrés Manuel López Obrador, quien prometió que, de triunfar, revisaría el contrato pues, a su juicio, la apertura del mercado podría perjudicar a 3 millones de campesinos mexicanos.

En la práctica, no existe posibilidad de renegociar el TLC. Si México no respetara los plazos de liberación de su mercado y no cumpliera con sus compromisos, ingresaría en un terreno de disputas en el que Estados Unidos a su vez incumpliría los suyos. Es decir, podría desatarse una guerra comercial con represalias de Estados Unidos en los productos mexicanos más sensibles. Esto tendría consecuencias graves para México debido a su alta dependencia del mercado norteamericano.

Estados Unidos no tiene ningún impedimento para cerrar sus mercados como última forma de presión . Los TLC tienden a reducir la diversificación de socios comerciales y a incrementar la dependencia del mercado norteamericano. Ésta es utilizada como forma de coerción no sólo en aspectos comerciales, sino también políticos.

El ingreso del Perú al G-20, es sólo un acto simbólico que, al producirse luego de la firma del TLC, no contribuye a que los países industrializados eliminen los subsidios agrícolas.

Ariela Ruiz Caro (ariela@independiente.com) es una economista y consultora internacional peruana, y contribuye frecuentemente al Programa de las Américas en www.ircamericas.org. Este artículo fue originalmente publicado en La República en www.larepublica.com.pe/index.php?option=com_content&task=view&id=121486&Itemid=481.

 


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Cita recomendada:
Ariela Ruiz Caro, “El Retorno del Perú al G-20,” Programa de las Américas (Silver City, NM: International Relations Center, 12 de septiembre de 2006).

Ubicación en Internet:
http://www.ircamericas.org/esp/3500

Información de producción:
Escritor: Ariela Ruiz Caro
Editor: Laura Carlsen, IRC
Producción y diseño: Nick Henry, IRC

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