Hace poco, el zar estadounidense anti-drogas John Walters enarboló la guerra contra las drogas
en México con el fin de preparar el terreno para anunciar un paquete de ayuda antinarcóticos
por mil millones de dólares. Se espera que éste sea anunciado en unos días.
Las últimas estadísticas muestran, supuestamente, que el precio de la cocaína
en la calle se ha duplicado en algunas ciudades y que la pureza ha decrecido, indicando así un
suministro restringido. De acuerdo con Walters, los Estados Unidos y México están ganando
la guerra antidrogas y "el verdadero reto es continuarla."
Walters presentó una versión preliminar de un documento altamente secreto que establecerá los
términos del paquete de ayuda multianual. De acuerdo con reportes de prensa, el plan incluye
objetivos en las áreas de obtención y comunicación de inteligencia, decomisos
en puertos de entrada, monitoreo aéreo e intervención, investigación y procesos
legales, medidas en contra del lavado del dinero y cooperación con México.
Si eso suena vago es porque lo es. Casi ningún detalle del acuerdo ha sido filtrado. Hasta
ahora, al público sólo se le ha dicho que el dinero se destinará a equipo de inteligencia,
espionaje, y programas de entrenamiento militar y policiaco.
Términos como fumigación, armas y agentes extranjeros han sido dejados fuera del discurso
público, aunque no precisamente fuera del paquete de ayuda mismo. En Colombia las fumigaciones
han sido un desastre social y ambiental y probaron ser ineficaces teniendo como resultado ríos
muertos, tierras devastadas y contribuyendo al desplazamiento de cientos de miles de pobladores.
La cuestión de venta de armas también es un asunto espinoso entre ambas naciones, ya
que el gobierno mexicano ha protestado por el descontrolado envío de armas ilegales desde Estados
Unidos a México, y la sugerencia de más armas aunque sean legales alimenta temores de
militarización en la sociedad civil mexicana. Estos temores han aumentado dramáticamente
debido a la activa participación del ejército mexicano en la guerra antidrogas bajo la
administración calderonista.
Funcionarios tanto mexicanos como estadounidenses han tratado de explicar que el plan anti-drogas
no será una repetición del infortunado Plan Colombia. Pero al mismo tiempo que ellos
ignoran la falla general de este Plan, han enfatizado que el Plan México no incluirá tropas
estadounidenses en México. Las preocupaciones en ese sentido en México han llegado tan
alto que la Secretaria de Relaciones Exteriores, Patricia Espinoza, ha hecho repetidas declaraciones
públicas negando que la presencia de tropas estadounidenses forme parte del nuevo paquete.
Aunque será difícil que las tropas estadounidenses sean enviadas a México, debido
a la sensibilidad política que provoca el asunto y el desgaste militar de la guerra en Irak,
la presencia de tropas es la parte relativamente menor del problema con el modelo Plan Colombia (recuérdese
que incluso el Plan Colombia mantuvo un tope al número de tropas). Y la presencia de agentes
aduaneros y de la lucha antinarcótico sigue creciendo. Los agentes de la DEA (Agencia Anti-Narcotráfico
de EEUU) ya han solicitado oficinas en dos ciudades mexicanas más y es muy poco probable que
todo el entrenamiento militar y policiaco propuesto tenga lugar en los Estados Unidos. Sin duda, una
mayor presencia estadounidense en México ocurrirá—a costa de los contribuyentes estadounidenses
y del disgusto de los ciudadanos mexicanos.
Pero la verdadera amenaza para México radica en el hecho de que el Plan México propone
que el gobierno estadounidense sea el patrocinador y co-diseñador de la parte central de la
estrategia de seguridad nacional mexicana. Incluso, dice estar trabajando ya con México para
construir un comando central que coordinaría el trabajo de las agencias internas y facilitaría
la coordinación binacional. No es coincidencia que el nuevo Plan se concentre en acciones que
se llevarán a cabo en México, a pesar del hecho obvio de que el mercado estadounidense
rige el comercio de droga y que las drogas ilegales no llegarían a las calles de allá si
no existiese también el crimen organizado y la complicidad de funcionarios de gobierno en Estados
Unidos.
Pero es mejor negocio ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Aunque el problema de
drogas en México está muy lejos de ser una paja—la Oficina de Responsabilidad Gubernamental
(GAO por sus siglas en inglés) recientemente reportó que el negocio representa hasta
23 mil millones de dólares al año—el nuevo acuerdo ofrecerá contratos lucrativos
a firmas de equipo de inteligencia y militares estadounidenses, contratos de mantenimiento y entrenamiento
de largo plazo y servicios relacionados. En un artículo reciente del Washington Post, Misha
Glenny cita un reporte de la GAO sobre el Plan Colombia, que encuentra que 70% del dinero asignado
nunca sale de Estados Unidos.
El acuerdo anti-drogas de los mil millones de dólares puede ser una bonanza para Boeing, pero
el beneficio a los contribuyentes estadounidenses que tienen que pagar el precio es mucho menos obvio.
A pesar de las declaraciones de Walters, existe una gran cantidad de evidencia que muestra el consistente
fracaso del modelo enfocado únicamente al suministro de droga y que se basa primordialmente
en medidas de aplicación policiaco y militar. Cuando este modelo se internacionaliza, se vuelve
aún más problemático alimentando el conflicto al tiempo que abate la inversión
social.
Este enfoque político debería llevar a una actitud muy cuidadosa en lo relativo a su
aplicación a otros países—especialmente a uno geográfica y económicamente
tan cercano como México. Un enfoque más razonable debería involucrar la creación
de mecanismos de cooperación y comunicación de inteligencia con cada nación responsable
de sus propias políticas de seguridad y enfocada al problema dentro de su propio territorio
y entre su propia población.
Laura Carlsen (lcarlsen(a)ciponline.org) es directora del Programa de las Américas (www.ircamericas.org)
en la ciudad de México en donde ha sido escritora y analista política a lo largo de dos
décadas. Traducido por Adriana Alvarez Andrade.