Programa de las Américas del CIP - Un nuevo mundo de acción ciudadana, análisis, y alternativas políticas
Programa de las Américas | Boletín Americas
Programa de las Américas Comentário

La verdad sobre la inmigración ilegal y la delincuencia

Tom Barry | 12 de febrero de 2008

Versión original: Truth about Illegal Immigration and Crime
Traducción por: María Soledad Cervantes Ramírez

Enviar

Retroalimentación

Programa de las Américas

Las fuerzas anti inmigración han estado martilleando para meternos en la cabeza el peligroso vínculo entre la inmigración ilegal y los crecientes índices del crimen con violencia. Su único problema es que los hechos no apoyan sus argumentos contenciosos y alarmistas.

"Algunos de los criminales fugitivos más violentos de hoy son inmigrantes ilegales", es la frase titular de un informe sobre políticas publicado por el Centro para Estudios sobre la Inmigración (CIS por sus siglas en inglés), instituto de Washington, DC que provee armamento intelectual a las fuerzas anti inmigrantes.

Otro estudio del CIS parte de una afirmación igualmente impresionista sobre la conexión entre crimen e inmigración: "En los últimos años, se ha vuelto difícil no percibir que los inmigrantes, legales o no, agobian al país con una grave criminalidad."

El CIS no es el único que acude a las impresiones para crear opinión sobre cuán ilegales son los inmigrantes. Con base en anécdotas que fomentan temor, y no en estudios científicos, grupos como el Centro para Estudios sobre la Inmigración han logrado convencer a los medios de comunicación y al público estadounidense de que los inmigrantes indocumentados son criminales. Una encuesta del Centro Nacional de Investigación de Opinión halló en el año 2000 que el 73% de los estadounidenses creía que los inmigrantes se encontraban casualmente relacionados con un mayor nivel de delincuencia.

Sin embargo, como en otras dimensiones del debate sobre la inmigración, los hechos no respaldan el alarmismo. Ha habido docenas de estudios a nivel nacional que examinan inmigración y delincuencia, y todos ellos llegan a la misma conclusión: los inmigrantes son más observantes de la ley que los ciudadanos. Un estudio que realizó en 2007 el Centro sobre Políticas de Inmigración (en inglés, IPC) concluyó que las probabilidades de que los inmigrantes—ilegales o no—cometan delitos o sean encarcelados son considerablemente más bajas que las de los ciudadanos estadounidenses.

Ruben G. Rumbaut, coautor de "El Mito de la Criminalidad Inmigrante", sostiene: "La falsa percepción de que los inmigrantes, sobre todo los ilegales, son responsables de mayores índices de delincuencia, está hondamente arraigada en la opinión pública de Estados Unidos y se apoya en las anécdotas que transmiten los medios de comunicación y en la mitología popular." En palabras de Rumbaut, profesor de sociología en la Universidad de California en Irvine, "Esta percepción no está respaldada empíricamente. De hecho, la percepción es negada por la preponderancia de evidencia científica."

El estudio del Centro sobre Políticas de Inmigración reveló lo siguiente:

En los mismos períodos en que la inmigración—sobre todo inmigración indocumentada—ha alcanzado o rebasado límites históricos, los índices de criminalidad han disminuido, notablemente en ciudades con grandes números de inmigrantes indocumentados, entre ellas ciudades fronterizas como El Paso y San Diego.

La tasa de encarcelamientos de hombres nacidos en el país de entre 18 y 39 años de edad, era cinco veces mayor que para los hombres nacidos en el extranjero en el mismo grupo de edad.

Los datos de censos y otras fuentes demuestran que para cada grupo étnico, las tasas de prisión entre hombres jóvenes están al nivel más bajo en lo que toca a los inmigrantes, aun para aquellos menos educados y menos asimilados a nuestra cultura.

Como el estudio hace notar, el hecho de que muchos inmigrantes ingresen ilegalmente al país es presentado mañosamente por las fuerzas anti-inmigración como un asalto al "imperio de la ley", reforzando así la falsa impresión de que la inmigración y la criminalidad están ligadas.

Uno de los hallazgos más inquietantes del estudio del IPC fue que los hijos de inmigrantes, y los inmigrantes con muchos años en el país tienen mayores probabilidades de convertirse en delincuentes que los inmigrantes de primera generación o que aquellos con menos de 15 años en el país. En otras palabras, los inmigrantes más asimilados a la cultura caen más fácilmente en el crimen—aunque todavía a tasas menores que las de los no inmigrantes.

Las indignadas voces anti inmigrantes dominan los debates en la internet con su desinformación y virulencia, e incluso presentan datos falsos para respaldar sus dichos. Las fuerzas anti inmigrantes, por ejemplo, se sirven del "Informe Estadístico sobre Inmigrantes Indocumentados del INS/FBI (del Primer Trimestre) de 2006" con su serie de estadísticas alarmantes acerca de los inmigrantes ilegales y la delincuencia para probar su tesis de que los inmigrantes indocumentados no solamente infringen la ley ingresando al país; también violan las leyes con una proclividad a los crímenes violentos, una vez que se establecen aquí. Las estadísticas de tal estudio circulan en portales cibernéticos restriccionistas y aparecen rutinariamente en blogs y secciones de comentarios a través de toda la red.

La realidad es que no existe tal informe. El INS (Servicio de Inmigración y Naturalización), el organismo que supuestamente lo produjo, dejó de existir en 2003.

Pero los hechos no obstaculizan a quienes están resueltos a satanizar a los inmigrantes indocumentados, o "ilegales", en el vocabulario de los restriccionistas. ¿Cómo explican grupos como el CIS el vacío entre sus impresiones y las estadísticas reales sobre crimen e inmigración? El CIS se pregunta eso mismo en un informe de 2001: ¿Por qué los estudios no establecen la conexión inmigración-crimen cuando "tantas otras evidencias indican que son responsables de una ola de delincuencia individual y organizada"?

Contradiciendo su argumento principal de que el crimen inmigrante aterroriza al público estadounidense, el CIS alega que no se denuncia el crimen inmigrante porque éste permanece dentro de la comunidad inmigrante como delitos de inmigrante contra inmigrante. Es más, los departamentos de policía tienden a evitar aplicar las leyes cuando hay inmigrantes implicados, porque la policía no es el organismo encargado de hacer valer la ley migratoria. Como argüía Heather McDonald en un informe publicado por el CIS: "En las ciudades donde el crimen causado por estos infractores de la ley [los "extranjeros ilegales"] predomina, la policía no puede usar el medio más obvio para aprehenderlos: su condición de inmigrantes."

El CIS y otros centros de investigación restriccionistas arguyen que dada la supuesta naturaleza criminal [de los inmigrantes], la mejor manera de resolver el problema del crimen en ciudades como Los Ángeles es realizar redadas de inmigrantes ilegales. "Debiera otorgarse a la policía la opción de reportar las violaciones migratorias y actuar en consecuencia, cuando el hacerlo así contribuya a la seguridad pública", escribió MacDonald, investigadora del conservador Instituto Manhattan.

Partiendo de los hallazgos de estudios, de que los hijos de inmigrantes tenderán más a delinquir que sus padres, el CIS propone que nuestra sociedad debe arrancar ahora el problema de raíz deportando a los padres de los posibles futuros criminales. "Ciertamente, en el tema del crimen, el mayor impacto de la inmigración está por venir", advierte Steve Camarota, director de investigaciones del CIS.

La gran distancia entre hecho y percepción, entre realidad y escenario supuesto, se hizo intensamente evidente en Iowa y New Hampshire durante las primarias presidenciales, en donde el temor a los inmigrantes ha tornado la inmigración en tema principal de campaña, sobre todo entre los republicanos. Al oír los denuestos de candidatos y votantes contra la inmigración, se habría creído que en ese instante los inmigrantes cruzaban cual marejada la frontera entre México y Estados Unidos directamente hacia Iowa y New Hampshire. Atizada por grupos anti inmigrantes como FAIR (Federación para la Reforma Migratoria Estadounidense), que publica perfiles alarmistas, estado por estado, del pretendido impacto negativo de los inmigrantes, la fiebre restriccionista se ha extendido por todo el país. Tanto en Iowa como en New Hampshire la población es en su inmensa mayoría blanca con una mínima porción inmigrante. Incluso de acuerdo con los altos índices que estima FAIR, la población de inmigrantes indocumentados o "ilegales", no sobrepasa 55,000 en Iowa y 15,000 en New Hampshire.

Es cierto, la inmigración es un tema que merece discusión pública y debe formar parte del debate electoral. Pero los hechos, no el temor y el espanto irracionales, debieran conformar el debate nacional sobre las políticas para la inmigración.

Tom Barry es analista principal del (http://www.ircamericas.org) Programa de las Américas del Centro para la Política Internacional (Center for International Policy).

 


Sign up for Americas Policy Program Mailings (suscribirse)


Publicado por el Programa de las Américas. Todos los derechos reservados.

Cita recomendada:
Tom Barry, "La verdad sobre la inmigración ilegal y la delincuencia," Programa de las Américas Comentário (Washington, DC: Center for International Policy, 12 de febrero de 2008).

Ubicación en Internet:
http://ircamericas.org/esp/4961

Información de producción:
Escritor: Tom Barry
Traduccion: María Soledad Cervantes Ramírez
Editor: Laura Carlsen
Producción y diseño: Chellee Chase-Saiz

Commentario
 
Usted puede agregar un nuevo comentario aquí. No aparecerá en esta página hasta que ha sido aprobado por el asesor.
Nombre y apellido:
Use este renglón par darnos sus comentarios:
 
 
1717 Massachussets Ave NW Suite 801, Washington DC 20036 | americas@ciponline.org | (202) 536 2649 | www.americaspolicy.org

Copyright © 2008. All rights reserved.